Metodología de enseñanza Kichihua

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Una de las primeras iniciativas que realizamos en la Fundación, fue la apertura de un Centro de Aprendizaje en la región de Cuautepec, una localidad que se encuentra al norte de la Ciudad de México. Este centro estuvo abierto casi un año y en él, impartimos sesiones enfocadas al desarrollo del pensamiento lógico matemático utilizando una metodología desarrollada principalmente por Cris Lecona.  Aunque la mayoría de las actividades que realizábamos estaban diseñadas para niños de primaria, su estructura puede ser adaptada a cualquier nivel de aprendizaje En este artículo queremos compartir contigo los aprendizajes que tuvimos durante esos meses.  Seguramente algunas de las cosas que compartiremos te resulten familiares, pero confiamos en que nuestra experiencia te dé nuevas ideas para mejorar tus clases y herramientas para sumar a tus habilidades como docente.

¿Cómo se desarrollaban las sesiones?

Un entorno diferente

Las sesiones iniciaban con alguna actividad lúdica previamente diseñada, a veces utilizábamos juegos de mesa, en otras ocasiones diseñábamos alguna actividad especial más dinámica. Estos primeros minutos de la sesión eran una especie de calentamiento donde se ejercitaban habilidades como la atención, la memoria y la coordinación.  Algo que procurábamos hacer, era motivar a los participantes a pensar en alternativas para resolver los retos que se les presentaban en cada actividad.

Nuestro objetivo era despertar su curiosidad.


Después, indagábamos sobre cualquier tipo de conocimiento o experiencia previa que los participantes tuvieran relacionada al concepto que queríamos tratar durante la sesión. Algunas de las preguntas que les hacíamos eran: ¿Qué saben sobre…? ¿Alguna vez han visto qué…? ¿Se han preguntado por qué…?

Ahora sí, a trabajar

Luego de estos 15 minutos, comenzábamos a introducir los conceptos que queríamos que conocieran, para ello utilizábamos estrategias que abarcaban los diversos estilos de aprendizajes (kinestésico, visual y auditivo). Esto era todo un reto porque no todos los participantes compartían el mismo estilo de aprendizaje, por eso era importante tener recursos previamente diseñados y estudiados para cada ocasión. Independientemente del estilo de aprendizaje, buscábamos guiar a los participantes a través de tres fases para la familiarización del concepto.
  • La primera fase consistía en hacer el concepto “palpable”, esto lo lográbamos utilizando bloques de juguete, hojas de papel y distintos materiales que los participantes pudieran manipular con sus manos.
  • La segunda fase consistía en que lograran trasladar los conceptos a una representación gráfica, es decir, a dibujos, esquemas o mapas.
  • Finalmente se trasladaba el concepto a un leguaje de símbolos.
Dado que las sesiones que impartíamos estaban relacionadas al pensamiento lógico matemático, esta estrategia funcionaba de las mil maravillas.  Cuando enseñábamos el concepto de fracciones primero utilizábamos bloques o piezas de “Jenga”, luego dibujábamos figuras geométricas divididas en distintas parte en el pizarrón y sólo hasta que los participantes demostraban dominio de esas dos representaciones se les comenzaba a hablar con los símbolos matemáticos, por ejemplo: ¾.

Al termino de cada sesión

Se les planteaba un reto que debían resolver utilizando las herramientas adquiridas.

Con el tiempo, no sólo se les planteaban retos, sino que se les motivaba a que plantearan ellos mismos los problemas a resolver, regularmente esto sucedía en la tercera sesión, aunque a veces era posible hacerlo desde la primera sesión.

Después de algunas sesiones los retos se volvían más complicados; ya que, de forma voluntaria, los participantes mezclaban en un sólo reto conceptos distintos como fracciones y coordenadas, así como distintas representaciones del mismo; por ejemplo, utilizando el plano cartesiano y representando una fracción en porcentajes.

Una pieza clave de nuestras sesiones era que aprendieran a resolver problemas cotidianos utilizando diversas herramientas.


Después de todo, la pregunta clave que todo estudiante tiene cuando se expone a un nuevo concepto es: ¿Para qué sirve esto? 

Nuestro objetivo era presentar primero la utilidad de cada concepto para que la siguiente pregunta fuera: ¿Qué más puedo crear con esto?

Resultados y otros pensamientos

Disfrutamos mucho impartiendo estas sesiones y observando el desarrollo de cada participante, que más allá de su capacidad para resolver y plantear problemas, se reflejó en sus relaciones personales dentro de la escuela y en su hogar.  Los participantes mostraban una mayor confianza en sí mismos; no porque tuvieran más conocimientos que los demás, sino porque habían aprendido que tenían la capacidad para intentar cosas distintas y aprender de cada experiencia que se les presentara, sin duda esta experiencia nos enseñó que el objetivo de un profesor es motivar a sus estudiantes para que descubran todo lo que son capaces de hacer y ayudarlos en ese camino de descubrimiento. Y tú ¿Qué opinas? Aprender es Crear